Todos nos podemos sentir estresados en una emergencia y no tiene nada de malo. El estrés puede ser una respuesta útil, al acelerar nuestra capacidad para pensar y actuar. Sin embargo, debemos tener claro que una reacción descontrolada al estrés puede limitar nuestra capacidad de trabajo y ser perjudicial para el paciente. Cuando se transforma en pánico o frustración pasa a ser un obstáculo más para resolver una situación ya compleja.

Por lo anterior, quienes trabajamos con pacientes graves y/o situaciones de crisis debemos entender que el manejo del estrés es una parte importante de nuestro trabajo.

Algunas recomendaciones para controlar el estrés:

  • “Cuando la temperatura ambiental sube, la mía baja”. Cuando el equipo de salud se estresa de manera descontrolada la situación se pone peligrosa. La probabilidad de cometer errores aumenta. Resista activamente entrar en ese círculo vicioso: hable calmadamente, con una entonación suave y no grite. Verá como todos se van contagiando.
  • “Identifique a los más estresados y entrégueles una tarea específica”. Si es un miembro del equipo de salud, piense en una tarea específica y simple que los mantendrá ocupados, pero que a la vez sea útil para el objetivo que todo el grupo persigue (como instalar una vía venosa, preparar medicamentos, buscar familiares del paciente, etc.). Si es un familiar puede hacer algo similar, como pedirle que escriba todo lo que le ocurrió al paciente. Si es el paciente, dígale que necesita que respire en silencio profunda y lentamente 10 veces mientras lo examina (auscultación, toma de signos vitales, etc.).
  • “Cuando la situación se escapa de las manos, sepárela en pequeñas partes”. En situaciones abrumadoras en lo práctico y/o emocional, comience ordenadamente analizando y manejando cada uno de los aspectos. Clásicamente deberá comenzar por evaluar la vía aérea, la ventilación, la circulación, etc. Hágalo con calma y notará cómo el ambiente se comienza a tranquilizar, lo que permitirá que la reanimación continúe de una mejor manera.

Comentarios:

  • Muchos de nosotros nos dedicamos a la reanimación porque disfrutamos de una pequeña dosis de estrés y la toma de decisiones en situaciones complejas. Sin embargo, si somos parte de la respuesta a la emergencia no debemos olvidar que nuestro trabajo es “poner orden al caos” y no disfrutar de él.
  • Lo importante es qué tan estresados nos ve el resto y no cómo nos sentimos. Muchas veces nos sentimos tranquilos, sin embargo quienes nos observan nos ven agitados y descontrolados. Debemos pensar que nuestros observadores tienen la razón y continuar nuestros esfuerzos por hacer las cosas todavía más tranquilos.
  • El manejo de estrés se aprende. Debemos observar cómo lo hacen quienes tienen más experiencia y aprender sus técnicas. Ahí entenderemos que un porcentaje importante del éxito en la reanimación es la toma de decisiones con calma.
  • Debemos también estudiar y practicar. Si entendemos qué está ocurriendo, sabemos qué debemos hacer y lo hemos practicado actuaremos con más calma y nuestros resultados serán los mejores. Generalmente el que más grita y desordena es quien menos sabe lo que debe hacer.
  • Si no sabe cómo comenzar, tómese 5 o 10 segundos para pensar o preguntar. Nada terrible ocurrirá en esos pocos segundos. Eso es mucho mejor que tomar una decisión incorrecta apresuradamente.
  • En conclusión, el estrés es una respuesta útil y no se debe ignorar. Pero si ese estrés genera pánico puede entorpecer nuestra capacidad para tomar decisiones. Por ello, es importante que lo reconozcamos y apliquemos técnicas para controlarlo.

Fuente principal

Emergsource.com

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