Presentamos la primera columna de Alan Breibauer, especialista en psicología de emergencias. Esperamos sea útil para nuestro trabajo en emergencias.

La salud mental en emergencias es una ciencia y rama de especialización de la psicología que tiene por objetivo comprender como se comporta el ser humano antes, durante y después de las emergencias, y que en los últimos años ha demostrado un significativo desarrollo científico y teórico en la comprensión de estos comportamientos. Si bien en un principio, tanto la preocupación práctica, como la literatura científica, estuvo centrada en las consecuencias traumáticas de las guerras, desastres naturales y de las personas expuestas a una amenaza directa de sus vidas o la de sus seres queridos, actualmente se ha ampliado a todas las situaciones que generan sufrimiento psicológico significativo y potencialmente traumático (terrorismo, crisis políticas y humanitarias, tortura, abuso infantil, accidentes, desastres entre otros)

Dentro de este desarrollo, la tendencia actual es la de considerar medidas de prevención, respuesta y recuperación psicológica de todas las personas involucradas en emergencias y desastres1-3, principal y específicamente en las víctimas directas (primarias), sus familiares (secundarias) y , en los intervinientes (terciarias),  personal multidisciplinario, que por su elevada y reiterada exposición a situaciones de contenido potencialmente traumático, es considerado una población especial de riesgo4,5,6.

Estos forman parte de una población especial en las emergencias denominada “intervinientes” y/o víctimas de tercer nivel dentro de los seis niveles de víctimas definidos por Taylor y Frazier (1987)7, en tanto si bien su trabajo es asistir a otros que se encuentran en situaciones que de por si representan algún tipo de amenaza, potencial o real, hacia sus vidas (de manera directa); la mera involucración en estas situaciones también puede afectar física o  psicológicamente a quienes  socorren (de manera directa o indirecta). Esto en tanto no solo tienen que enfrentar el estrés de la situación misma, sino que también el de asistir a las víctimas que están sufriendo.8-10

Usualmente el personal de los servicios de urgencia es entrenado, capacitado y preparado para la respuesta pre-hospitalaria, hospitalaria y la ejecución técnica de las maniobras necesarias para brindar el soporte vital y la asistencia de sus pacientes. Sin embargo son muy pocos o ninguno los centros de formación que ofrecen además formación y preparación integral que incluya los aspectos psicológicos de esta área.

Lidiar con situaciones de alto contenido potencialmente traumático como pudiesen ser grandes quemados, politraumatizados adultos y pediátricos, pacientes con lesiones incompatibles con la vida, suicidios, ahogados, violaciones, accidentes, incidentes con fallecidos, entre otros, es parte de lo que los equipos de primera respuesta a emergencias, esencialmente el ABC clásico de la protección civil, Ambulancias, Bomberos y Carabineros, realizan día a día.

Esto va conformando lo que se denomina un “rango de experiencias ordinarias” (o frecuentes), lo que se torna normal o parte de la vida cotidiana y por ende la mayoría desarrolla habilidades o estilos de vida que le permiten llevar mejor este tipo de situaciones. Sin embargo existen 3 tipos esenciales de fenómenos y tipos de estrés que se puede presentar  y que suelen afectar al personal:

  1. Incidentes críticos: Situaciones o emergencias que por su carácter salen de lo “normal” y que suelen ser los casos pediátricos graves o reanimaciones no exitosas, incidentes con múltiples víctimas, terrorismo, lesión o daño a uno de los compañeros, amenaza real de la vida de uno mismo, entre otros
  2. Traumatización vicaria: Que tiene que ver con un aspecto más psicológico de brindar empatía voluntaria o involuntariamente a los afectados que se encuentran con un sufrimiento importante y cuyas historias, relatos, o meros gritos desesperados de dolor y/o suplica por ayuda pueden ir removiendo al respondedor, muchas veces sin darse cuenta.
  3. Desgaste profesional o Burnout: Que tiene que ver con un aspecto más físico por llamarlo de alguna forma y que tiene que ver con el nivel de sobredemanda asistencial, la realidad agotadora de los formatos de turnos y todas las variables que dificultan el descanso físico, emocional, psicológico y espiritual de los respondedores.

El principal peligro es el desarrollo del trastorno por estrés post traumático (TEPT), diagnóstico psiquiátrico que representa de manera nuclear  las secuelas psicológicas que pueden llegar a causar las experiencias traumáticas. La investigación científica señala que en Chile la prevalencia de TEPT en la población general es 4.4%; 2.5% en hombres y 6.2% en mujeres11. Mientras que en distintos reportes nacionales e internacionales se evidencia que la prevalencia en las personas que responden habitualmente a emergencias oscila entre el 10% y el 21%12, y  donde sus potenciales consecuencias emocionales van desde un deterioro importante y progresivo en el rendimiento general, la satisfacción laboral, la ruptura familiar y/o de pareja, hasta trastornos de salud mental del personal como el  trastorno por estrés agudo, trastornos depresivos, abuso de sustancias, trastornos ansiosos y el suicidio.

Sin embargo hoy en día se sabe que entre el bienestar y el desarrollo de patologías psiquiátricas existe una amplia gama de posibilidades, tanto negativas como positivas, en la calidad de vida de aquellos afectados por, o inmersos profesionalmente en, las emergencias y desastres.

Aquí el Burnout o desgaste profesional y la traumatización vicaria son las principales consecuencias negativas, donde las investigaciones nacionales señalan una prevalencia de entre el 31% y 45%13, mientras que el desarrollo de resiliencia y un crecimiento postraumático (manifestado en mayor valoración de la vida y sus seres queridos, crecimiento espiritual, aumento de la satisfacción en la ayuda a otros y redefinición de prioridades por ejemplo) son las principales consecuencias positivas (actualmente no existen estudios en población de salud chilena).

Esto en términos de salud mental, se refiere a lo que Stamm et al. (2010) ha denominado técnicamente “calidad de vida profesional” 14-16.

Y para esto existen diversas estrategias que ayudan a combatir y disminuir estos efectos nocivos en el personal de salud mediante capacitaciones preventivas e intervenciones psicológicas que se realizan antes, durante y después de una emergencia.

Referencias:

  1. Kaminsky, MJ, McCabe, OL., Langlieb, A., & Everly, GS, Jr(2007). An evidence-informed model of human resistance, resilience, & recovery: The Johns Hopkins. outcomes-driven paradigm for disaster mental health services. Brief Therapy and Crisis Intervention, 7, 1-11.
  2. Kaminsky, et al, (2005) RESISTANCE, RESILIENCE, RECOVERY. In Everly & Parker, Mental Health Aspects of Disaster: PublicHealth Preparedness and Response. Balto: Johns Hopkins Center for Public Health Preparedness. And, Everly, GS, et al. (2010). Resilient Leadership, NY: DiaMedica]
  3. Schoenbaum M, Butler B, Kataoka S, Norquist G, Springgate B, Sullivan G, Duan N, Kessler RC, Wells K. Promoting Mental Health Recovery After Hurricanes Katrina and Rita: What Can Be Done at What Cost. Arch Gen Psychiatry. 2009 Aug;66(8):906-914. PubMed PMID: 19652130Primary and Secondary Trauma in Emergency Personnel. Traumatology December 2011 17: 1-2, first published on January 4, 2012.
  4. J. Scully P. (2011). Taking Care of Staff A Comprehensive Model of Support for Paramedics and Emergency Medical Dispatchers. Traumatology December 2011 vol. 17no. 4 35-42
  5. Birgit Kleim, Maren Westphal Mental Health in First Responders A Review and Recommendation for Prevention and Intervention Strategies. Traumatology December 2011 vol. 17 no. 4 17-24
  6. Robyn Kirby, Jane Shakespeare-Finch, Gavan Palk. Adaptive and Maladaptive Coping Strategies Predict Posttrauma Outcomes in Ambulance Personnel. Traumatology December 2011 vol. 17 no. 4 25-34.
  7. A taxonomy of disasters and their victims. Journal of Psychosomatic Research, Volume 31, Issue 5, 1987, Pages 535-544 . Antony J. Taylor
  8. Fullerton, R., McCarroll, J., Ursano, R., &Wright, K. (1992). Psychological responses of rescue workers: Fire fighters and trauma. The American Journal of Orthopsychiatry, 62, 371–377. doi:10.1037/h0079363.
  9. Hytten, K., & Hasle, A. (1989). Firefighters: A study of stress and coping. Acta Psychiatrica Scandinavica, 80, 50–55. doi:10.1111/j.1600-0447.1989.tb05253.x.
  10. Raphael, B. (1986). Victims and helpers. In B. Raphael (Ed.), When disaster strikes: How individuals and communities cope with catastrophe (pp. 222–244). New York: Basic Books.
  11. Figueroa, et al. Post-Traumatic Stress Disorder: Review after a catastrophe (2010)
  12. Raymond B. Flannery, Jr., Ph.D. Psychological Trauma and Posttraumatic Stress Disorder: A Review. International Critical Incident Stress Foundation, Continuing Education. www.icisf.org.
  13. Diego García-Huidobro, Carolina Spröhnle, Jaime Sapag. Cuidar a los cuidadores: Un desafío para los profesionales de la salud. Rev. méd. Chile v.136 n.6 Santiago jun. 2008
  14. Stamm, B.H. (2010) The ProQOL Concise Manual. www.proqol.org.
  15. Pearlman, L.A., & Caringi, J. (2009). Living and working self-reflectively to address vicarious trauma. In C.A. Courtois & J.D. Ford (Eds.), Treating complex traumatic stress disorders: An evidence-based guide (pp. 202-224). New York: Guilford Press.
  16. Stamm, B.H. & Figley, C.R. & Figley, K. R. (2010, November). Provider Resiliency: A Train-the-Trainer Mini Course on Compassion Satisfaction and Compassion Fatigue. International Society for Traumatic Stress Studies.
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