En el último artículo revisamos el modelo para el Manejo del Estrés en incidentes Críticos, del cual se desprende una intervención con bastante popularidad entre los emergencistas, el famoso “debriefing”.

En el artículo pasado se hizo una mención a su uso y evidencia, pero hoy al revisamos con mayor profundidad, tratando de exponer toda la información disponible al respecto.

En la actualidad existen muchísimas versiones y variaciones del “debriefing”, por lo que es muy importante saber a qué modelo se alude, y que implicancias tiene esa versión en particular.

Originalmente, el “debriefing” designaba un procedimiento preciso, practicado en el ejército americano después de un combate o de una misión, que debía ayudar a los soldados a superar sus reacciones y a volver rápidamente al frente o a  misiones posteriores.

En 1983, y al darse cuenta en su trabajo como conductor de ambulancias del impacto que tenían los eventos traumatogénicos en el personal que trabajaba en ambulancias, Mitchell creo el protocolo de intervención “Critical Incident Stress Debriefing”.

Esta táctica, en su versión original  es una intervención en crisis para grupos pequeños y homogéneos, específicamente intervinientes de emergencias (principalmente paramédicos, luego bomberos y luego organizaciones de orden y seguridad – desde policías a militares) que se realiza usualmente entre 24 y 72 horas posterior a un incidente crítico común al grupo y que pretende:

1) Mitigar el impacto del incidente traumático

2) Facilitar el proceso de recuperación normal y la restauración de las funciones adaptativas en personas psicológicamente sanas, pero que están experimentando montos significativos de estrés por un incidente crítico

3) Funcionar como una oportunidad de screening para identificar miembros del grupo que se beneficiaran de apoyo adicional posterior.

Estos objetivos se conseguirían mediante los 7 pasos propuestos por Mitchell. Pasos que serían voluntarios para todos los miembros que integran la intervención y guiados por un profesional de salud mental entrenado en la técnica y apoyado por un par del grupo a “intervenir”

1) Introducción: Donde se explica en que consiste la intervención y sus características

2) Hechos: Donde se realiza una puesta en común del incidente con la intención de establecer una versión lineal común, ordenada, y con los hitos más significativos.

3) Pensamientos: Rondas donde se revisan los principales pensamientos de los participantes en torno a los sucesos del incidentes.

4) Reacciones: Rondas donde se revisan lo que más ha impactado o afectado a la persona en relación al incidente.

5) Síntomas: Rondas donde se revisan si alguien ha presentado síntomas que le estén afectando actualmente, y relacionados con el evento.

6) Normalización: Se enseña sobre las reacciones esperables tras este tipo de incidentes, sobre técnicas de autocuidados, y alertas a tener en cuenta.

7) Re entrada: Se les orienta en la forma de reincorporarse a las vidas normales y se les dan los contactos para solicitar ayuda en caso de ser necesario, además der avisarles de que serán contactados para un seguimiento.

Siendo este el formato original, la técnica comenzó a ganar fama y a mutar según las diferentes necesidades e intereses de los interventores, a víctimas primarias, a grupos heterogéneos o individuos incluso (no grupos), sin recibir el debido entrenamiento, u otros entrenamientos del propuesto por la ICISF. Y así empezaron a existir múltiples versiones del “debriefing”,  donde la variante de Gisela Perren-Klingler, fundadora del Instituto de Psicotrauma de Suiza es una de las más conocidas en Sudamérica, especialmente en argentina. Modelo que han propuesto como estándar para los bomberos.

Desde el punto de la evidencia científica, desde los años 80 hasta hoy se mantiene el debate por su efectividad, puesto que múltiples estudios han señalado su ineficacia y potencial daño. Desde el lado de los que la critican, aparecen especialmente revisiones de la COCHRANE, las OPS, Cruz Roja internacional y metanálisis en intervenciones tempranas.

Desde  el lado que la apoyan, están los fundadores de la técnica, quienes señalan que se les crítica por investigaciones que no han evaluado efectivamente la técnica que ellos proponen (y cuyas investigaciones muestran resultados favorables, pero no al nivel científico de pruebas clínicas randomizadas, matanálisis o revisiones sistemáticas). Los autores han presentado papers, donde se analiza técnica y específicamente cada artículo en contra, y tras una revisión personal, puedo decir (opinión personal) que los argumentos también merecen su revisión, puesto que efectivamente muchos de los estudios evalúan intervenciones bastante alejadas del modelo propuesto por ellos inicialmente.

El interés de brindar apoyo temprano a las personas afectadas por incidentes críticos sigue vigente, y sin duda, y aunque parezca “cliché”, mayores estudios, con la rigurosidad técnica necesaria y con la especificidad del modelo aludido, deben ser realizados.

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